
Viajar en el tiempo. Qué tentador. Corregir los errores del pasado, prevenir un accidente o simplemente ir con información de la lotería y hacerme rico en el presente.
Cuando era chico estaba seguro de que lo haría algún día. Y sigo con esa certeza. Por eso, mientras tanto, estudio las posibles consecuencias, mirando tantas películas que abordaron el tema. Sobre todo, porque un mínimo cambio en el pasado podría alterar todo mi presente.

La videoteca de los deseosos pasajeros temporales debería empezar por
"La máquina del Tiempo", obra de H.G. Wells que sirvió como puntapié inicial (lástima que la versión reciente y muy inocente con Guy Pierce fuera tan mala), y debe seguir con
LA JETÉE (1962, Chris Marker). Pero cómo no considerar a
VOLVER AL FUTURO (1985, Zemeckis),
MILLENIUM (1989, Michael Anderson),
12 MONOS (1995, Terry Gilliam, quien seguramente es extremo fan de La Jetée),
EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001, Tim Burton),
TERMINATOR (1984, James Cameron) y comedias románticas como
KATE AND LEOPOLD (2001, James Mangold) con Meg Ryan y Hugh Jackman, y recientemente
LA CASA DEL LAGO (2006), del argentino hollywoodizado Alejandro Agresti, con la que logré romper el prejuicio inicial de quién provenía, me adentré con placer en la historia y el final rompió cualquier ilusión óptica y me fui del cine devastado. (Bueno, pobre Agresti, estoy seguro de que la distribuidora le hizo cambiar el final a último momento para que ridículamente Keanu Reeves y Sandra Bullok se dieran ese beso insulso y sin sentido).
¿Pero cuál de todas estas historias tiene lógica? Me refiero a que si uno acepta la premisa de que existe una manera de romper la barrera espacio-temporal, todos esos cambios y consecuencias por cambiar un detalle en el pasado, tengan algún sentido. Lógica pura.
De ellos, mis respetos a
Cameron, quien en el ´84 no solo jugó con la clásica teoría de que si matáramos una mariposa en la prehistoria, todo el mundo sería diferente. Sino que le dio una vuelta más. Y por eso para mí es la mejor. Sí, TERMINATOR.
En
VOLVER AL FUTURO, una de mis preferidas desde niño (no solo porque algunos me apoden Marty McFly), la idea de viajar al pasado y los cambios que ocasionan en el futuro es muy tentadora y divertida. Sin embargo, le falta algo. Zemeckis rompe con la cronología y el espacio, pero toma al tiempo como algo lineal. Es decir, que a lo largo de la película, el presente empieza siendo de una manera, luego va al pasado, y el presente se modifica por eso, con leves cambios.
Esa idea me gusta, la compro y me divierte. Pero después de darle algunas vueltas, creo que el presente siempre debería haber contemplado ese viaje al pasado, es decir, que todo lo que ocurrió en el pasado, incluso ese viaje de Marty, debería ser parte de un todo. Lo rico sería darnos cuenta que ese presente actual ya contemplaba ese viaje, aunque en el presente no lo hubiéramos sabido y por eso hayamos tratado de viajar al pasado para cambiar algo.

Lo que me gusta de
TERMINATOR (más allá de la actuación de Arnold) es que luego de la larga epopeya y de un viaje al pasado, ese futuro del que escapan es posible gracias justamente a ese viaje en el tiempo, que a la vez permite modificar el futuro posterior al presente del que habían escapado (qué lío).
Cuando Kyle Reese (el rubio bueno interpretado por Michael Biehn) llega del futuro y conoce a Sarah Connor (Linda Hamilton), viene escapando de una terrible masacre y lucha contra Terminator, el androide destructivo cuya misión es acabar con la madre de un futuro líder libertador (y amigo de Kyle). Pero para hacerla corta, ese encuentro engendra un hijo... el mismísimo libertador del futuro. El amigo del hijo viaja al pasado, conoce a la futura mamá, se enamoran y engendran a su futuro amigo.
Entonces, los hechos ocurridos en esa visita al pasado sí alteraron el presente (osea el futuro de ese pasado). Pero sin ese viaje, nunca hubiera ocurrido ese presente del que huían. Pero el presente se mantiene intacto, es decir, ese viaje al pasado no cambió el presente sino que ese presente tuvo lugar gracias a ese viaje. ¿Fue en vano entonces tanto esfuerzo? Para nada. Porque el futuro que le sigue al presente del que huyó será mejor GRACIAS a ese viaje en el tiempo, y el presente nunca hubiera ocurrido si ese viaje no hubiera existido. Me parece genial. Todo cierra.
Otra idea:
Lo rico es pensar que el tiempo sigue lineal pero paralelo. Es decir, que la experiencia vivida y acumulación de horas vividas por una persona sigue aumentando, sin importar dónde y cuándo se encuentre físicamente. Todo ese viaje formó parte de su presente particular, por lo que la noción de presente como la vengo utilizando pierde sentido, salvo que lo entendamos como un concepto relativo. Como presentes paralelos. Pero creo que este es ya tema para un post entero.